Tuesday, February 8, 2011

India - Varanasi


(scroll down for English version)

Varanasi
(advierto que este, es uno largo)

Varanasi esta a las orillas del río sagrado de India, el Ganges. Es una ciudad con una energía muy fuerte y muy intensa, presagio de esa intensidad fue la travesía para poder llegar.

Nuestro tren salía a las 11:00 am, al igual que el del tío Billu, Saroj, y la tía Savita, así que nos fuimos juntos a la estación, nos tomamos una última foto, y nos despedimos. Cada quien se fue a su plataforma.

A los pocos minutos, el tío Billu y la tía Savita nos estaban haciendo señas para que uno de nosotros fuera a su plataforma, así que me fui para allá. Una vez con ellos, me informaron que en el sonido local habían avisado que nuestro tren tenía cinco horas de retraso. No podía creerlo. Regrese a la plataforma donde estaban la Ivonne y la Flaca, les di la mala noticia, y los tres caminamos juntos hasta la plataforma uno, misma donde sale el tren de los tíos, porque ahí hay una sala de espera.

Antes de pasar a la sala de espera, nos quedamos con los tíos esperando a que su tren llegara, y mientras, el tío Billu me explico en donde estaba el pizarrón con el estatus de los trenes, así mismo donde y a quien podría preguntar en caso de más dudas. Nos despedimos una vez más, abordaron, y su tren se fue.

Pasamos a la sala de espera; no se imaginen una tipo aeropuerto. Era un salón (bastante sucio) grande con sillas y algunos ventiladores. En una orilla del salón se encontraban los baños que incluían regaderas por si algún valiente lo necesitaba. Buscamos unas sillas cerca de la ventana y del ventilador y nos acomodamos, sacamos libros, computadora, iPod, y empezamos la larga espera.

Las horas empezaron a pasar y la Ivonne se fue a dar una vuelta, luego la Flaca, luego yo. Cada vuelta regresábamos con alguna noticia del tren o algo que nos hubiera sorprendido. Compramos fruta, agua, sodas, un pan, papitas, etc. Yo me moví de silla porque se me acabo la pila y me tuve que acercar a donde estaban las conexiones de luz. Ahí se me acerco un tipo que se puso a platicar conmigo, era militar e iba para su casa a pasar la fiesta de Diwali.

Diwali es la celebración mas importante de India, especialmente para los que practican Hinduismo. Hablaremos más de esta fiesta cuando relatemos Delhi, ya que tenemos planes de pasar esta gran celebración con el tío Ashok (el otro hermano de tía Savita) y su familia en Delhi.

El militar no fue el único amigo que se me acerco a platicar, también el que limpiaba la sala de espera y otro mas. La Ivonne dice que no entiende porque siempre se me acerca la gente a platicar.

Seis horas más tarde todo parecía apuntar a que nuestro tren llegaría en cualquier momento, así que decidimos salir de la sala de espera y encontrar un lugar en la plataforma. La espera no había terminado, tuvimos que esperar una hora mas para que el tren llegara.

Ya estaba obscureciendo cuando por fin vimos la luz de la locomotora acercándose. Agarramos nuestras cosas y nos preparamos para subir. Como no habíamos comprador los boletos con anticipación, y la celebración de Diwali ya estaba cerca, no pudimos conseguir los tres boletos juntos, aunque si en el mismo vagón. Dos boletos estaban en un compartimento cerca de la puerta trasera del vagón y uno cerca de la puerta delantera. Decidimos que Ivonne y la Flaca usaran los que estaban juntos y yo me iría al solo.

Subimos al tren y nos dimos cuenta que ya venía bastante lleno. En el compartimento de la Flaca e Ivonne, tuvimos que pedirle a la gente que moviera algunas de sus cosas para poderlas acomodar, al parecer eran un par de familias. Deje a la mujeres y me fui a buscar mi lugar, quede de regresar para cerrar y encadenar mochilas.

Lo que nos tenía un poco, pero solo un poco ilusionados, era que esta vez teníamos boletos para la clase AC 3, que significa Aire Acondicionado clase 3. Bastaron 30 segundos dentro del tren para darnos cuenta de que la clase “sleeper” es mejor. Aquí, todos los olores de pies, gente sin bañarse, y los gases estomacales, además de los olores de comida, estaban encerrados y como la gente no tira la basura (por las ventanas) y sino que la pone debajo de los asientos, hay cucarachas.

El compartimento donde me tocaba estaba lleno, puros hombres, amigos entre ellos. Trataron de cambiarme de lugar, pero lo que me ofrecían estaba lleno de cosas y no había donde poner mi mochila así que tuve que decir que no.

Me acomode y rápidamente empezaron las preguntas. De donde era? Hacia donde iba? Cuanto tiempo tenia en India? Con quien viajaba? Pero la mas importante fue, si tomaba alcohol? Todas las conteste y cuando conteste que “si” a la ultima, todos sonrieron. Sacaron una botella de ron de una de las maletas y para pronto, ya tenia un vaso lleno en mi mano y estaba brindando con todos. Todos eran militares que iban a sus casas a pasar un mes de vacaciones. La mayoría de ellos eran de Punjab, una provincia al norte de Delhi que hace frontera con Pakistán.

Ya iba en mi segundo vaso de ron cuando la cabecita de la Flaca apareció con una sonrisa medio falsa y me vio con ojos de “Que estas haciendo?” Todos mis nuevos amigos, que para este entonces ya eran mas ya que se habían acercado otros militares de otros compartimentos, me voltearon a ver con sonrisa de complicidad. Me pare y me disculpe un momento para ver que necesitaba la Flaca e Ivonne. Había quedado de regresar (para ayudar a encadenar las mochilas) y no lo había hecho, así que las dos me estaban viendo con cara de “Donde #@#$& has estado?” Rápidamente me puse a trabajar en poner candados y cadenas a las maletas mientras las dos se quejaban de que sus vecinos de compartimento eran muy ruidosos y del olor a comida que había. La Flaca también me regaño por estar bebiendo con extraños.

Cuando regrese a mi lugar, ya me tenían otra bebida lista y ya estaban sacando la comida. Me dieron un platillo de brócoli con papas, también sacaron roti (que es como una tortilla pero mas gruesa), y otra cosa que no me acuerdo que era, todo hecho en casa y muy bueno.
Como a las 9:30 pm, me fui asomar al compartimento de Ia Flaca e Ivonne para ver como estaban y desearles buena noche. Seguían con cara de pocos amigos, ya habían cenado un arroz y pollo que compraron en el tren, y ya estaban listas para irse a dormir. Cuando regrese a mi compartimento, mi cama estaba lista, con sabanas y toda la cosa, estaba feliz.

Cuando desperté al siguiente día, como a eso de las 6:00 am, el tren ya se había retrasado más. Para las 8:00 am ya estaban las camas recogidas, ya había ido a saludar a la Flaca e Ivonne, y ya estaba desayunando mas comida hindú con chai (té). Para las 9:00 am ya estábamos en el primer trago con ron y mas militares llegaban. Cada nuevo militar que aparecía me pedía que brindara con él, así que el ron fluía y fluía, las botellas se acababan y los amigos sacaban más. Hubo un momento en que en el compartimento donde, se supone, caben 6 personas, estábamos como 15.

Algunos no hablaban inglés y otros hacían de traductores, y todos querían saber que frutas y vegetales se siembran en México. La Flaca dice que cada vez que se asomaba a buscarme, yo tenia una sonrisa grañidísima, y la verdad es que estaba en lo que mas me gusta de viajar que es convivir con la gente, haciendo lo que ellos hacen.

Unas horas mas tarde todos me dieron su dirección en Punjab, que según todos ellos, es la mejor provincia de India, para que los fuera a visitar. Nos tomamos fotos, luego nos tomamos fotos de la Flaca, Ivonne y yo con los amigos, y uno de ellos nos pidió que nos tomáramos fotos con su familia, pero con la Flaca cargando a su bebe. La Flaca e Ivonne no estaban muy felices con las fotos, pero cooperaron con su mejor sonrisa.


Veinte horas después de haber salido de Siliguri, el tren paro en la estación Mughal Sarai, que está a las afueras de Varanasi. Todos los amigos nos ayudaron con las mochilas y se bajaron del tren para despedirnos y nos tomamos una ultima foto. Dos de ellos me dieron sus pulseras de plata, que son muy tradicionales entre los sikhs (Sikhism es una religión muy practicada en Punjab), y uno de ellos le dio a la Flaca dos pulseras de plástico que eran de su hija, para cuando tuviéramos nuestra primera hija. Yo estaba de lo más feliz por que había vivido justo la experiencia que quería vivir en un tren hindú.

Negocie con taxistas y chóferes de tuktuk hasta que uno me dio un precio razonable para llevarnos hasta el hotel. Una vez en la ciudad, algunas de las calles principales estaban cerradas, así que el taxista, después de dar mil vueltas, se dio cuenta que no podía llevarnos hasta el hotel. En el ir de un lado a otro de la ciudad, vimos una glorieta súrreal; había coches, motos, bicis, tuktuks, bueno de todo y todos tratando de ir de un lugar al otro al mismo tiempo. Fue impresionante.

Al darnos cuenta que el chofer no podría llevarnos, nos bajamos del taxi y llamamos al hotel donde teníamos la reservación. Al final, unos adolescentes nos guiaron entre callejones muy angostos, llenos de gente y de popo de vaca (por cierto pise una muy grande). El escenario que nos rodeaba y el tiempo que llevábamos caminando hicieron que la Falca e Ivonne se empezaran a preguntar hacia donde nos estaban llevando estos chicos, pero como yo había visto algunos letreros con el nombre del hotel, trate de tranquilizarlas.


Una vez en el hotel, el tipo de recepción nos informó que no tenía cuarto para nosotros, a pesar de que habíamos hecho reservación, así que tuvimos que ponernos a buscar hotel a esa hora. Eran cerca de las 7:00 pm cuando llamamos a un hotel y me fui a ver las habitaciones para ver si estaban bien para quedarnos. Fue cuando me encontré con el Ganges por primera vez. Baje unas escaleras casi a obscuras; solo estaban iluminadas por un foco y la luz de la luna. Los edificios que me rodeaban se veían viejos y a medio construir. Era una escena un poco de miedo, con el río sagrado en el fondo. Al llegar al final de las escaleras, voltee para ambos lados y las cosas no se veían mejor, pero seguí las instrucciones que me habían dado y camine hacia mi derecha. Pronto me encontré con mas gente, entre ellos varios turistas.

Me tranquilicé un poco; estaba nervioso por la reacción de las dos fieras que viajan conmigo, iban a querer irse cuanto antes de esta ciudad. Pero las primeras apariencias no siempre son las más adecuadas para juzgar, así que tenía la esperanza de que mañana, con el sol, todo se viera mejor.

Después de unos diez minutos llegue al otro hotel, ví las habitaciones, negociamos, y me regrese al primer hotel por la Flaca, Ivonne y las mochilas. Les advertí un poco de los lugares por donde pasaríamos y ayudo a que no se asustaran mucho. Una ceremonia diaria que había comenzado y que atrae muchos turistas, y creo el que ya estaban tan cansadas y con ganas de bañarse, ayudaron a que ni se dieran bien cuenta de donde estaban caminando. Una vez cenados y bañados nos fuimos a dormir.

Por la mañana, abrimos las ventanas del cuarto y vimos frente a nosotros el Ganges. Gente se estaba orando en la orilla, dándose un baño, y lavando la ropa. Subimos a desayunar al restaurante que esta en el techo del hotel y desde aquí arriba tuvimos mejor vista del río. La cama del río es muy ancha, pero como es época de lluvia, no toda lleva agua, de hecho la mayoría esta seca.


Salimos del hotel guiados por Sanjay, un señor que trabaja en el hotel arreglando visitas y ayudando a los turistas en lo que necesiten. A nosotros nos ayudo a encontrar una farmacia porque yo traía un dolor de cabeza que me estaba matando y ya no traíamos paracetamol. Afuera de la farmacia, le hicimos un par de preguntas sobre como llegar algunos templos y nos presento a un chico llamado Amit, que nos llevo al templo. Después, Amit se quedo con nosotros y nos llevo a varios templos más. Fue una ventaja tener a este chico porque la parte antigua de la ciudad son puros calles muy angostas sin ningún orden y la mayoría no tiene nombre. El caminar por estas calles nos ayudo a ver el día a día de la ciudad, de la gente, y a entender un poco de esa intensidad que se siente.




Después de visitar los templos, Amit nos llevo a los crematorios. Justo a la orilla del río es donde queman los cuerpos de los fallecidos. Nos explicó que hay un par de crematorios eléctricos, donde es más barato hacer la cremación y también están los tradicionales que son más caros. Para estos últimos, arman una cama de leña, y después de envolver el cuerpo en sabanas y sumergirlo en el Ganges, lo ponen sobre la leña y realizan el ritual para al final prenderle fuego. Para el ritual, la persona que prende el fuego se rapa y hace algunas oraciones. Después, la familia da cinco vueltas alrededor del cuerpo, esto se hace para romper la relación entre el fallecido y los seres queridos que esta dejando. Nos toco ver cuando estaban llevando a cabo la ceremonia para una señora; su hijo era el que prendió el fuego. A un señor de avanzada edad lo estaban rapando como inicio del ritual.

En algunas situaciones se puede echar el cuerpo al río sin antes cremarlo. Se hace cuando se trata de un niño menor de 10 años, cuando la fallecida es mujer y muere embarazada, hombres santos, leprosos, pobres, y los que han sido mordidos por víboras.

Lo que aun no podemos entender es como, en este mismo río donde avientan las cenizas de los muertos, o los muertos completos, la gente se baña y lava su ropa. Leí en el Lonely Planet que un doctor hindú, desde hace varios años, ha estado haciendo un esfuerzo por convencer al gobierno local de hacer algo por limpiar el río pero la burocracia ha detenido todas las iniciativas. Y es que no solo los restos humanos van al río, la mayoría, si no es que todo el drenaje de la ciudad, incluyendo aguas negras, va a dar al río. Este doctor, que ha hecho estudios sobre el nivel de contaminación del agua, dice en su reporte que en muchas zonas del río, el agua está completamente contaminada. Como es que no hay más gente enferma? No entendemos. No cabe duda que es sagrado.


Dejamos los crematorios y pasamos a los textiles. Amit nos llevo a varios talleres donde están tejiendo o pintando seda. Eran procesos totalmente manuales y en el caso de la coloración nocivo para la salud por los gases que los colorantes emiten. Al final, Amit nos llevo a la tienda de su tío donde vende sarees (lo que llevan las mujeres hindús), bufandas, fundas para edredones, etc. Después de una larga negociación incluyo chai, el que me parara para irnos y otras tácticas, Ivonne se compro una funda para edredón y unas bufandas y la Flaca solo una bufanda.


La negociación nos abrió el apetito así que le pedimos Amit que nos llevara al Lotus, un restaurante que tiene una terraza viendo al Ganges. Nos dieron una mesa bajita, de las que es necesario sentarse en colchones en el suelo, y disfrutamos de la vista.

Por la tarde, tratamos de arreglar un tour para el siguiente día sin mucha suerte. Por lo que decidimos seleccionar las cosas que queríamos visitar y hablar mañana por la mañana con Sanjay para ver si nos podía ayudar. Para terminar el día, Amit nos llevo rentar una balsa a remos, que el mismo remo, para llevarnos a ver el atardecer en el río y ver desde ahí, la ceremonia de Aarti que todos los días se lleva acabo a la orilla del río.

La ceremonia Aarti es un ritual religioso hindú de adoración. Es una forma de puja, en la que mechas empapadas en ghee (mantequilla purificada) o alcanfor se le ofrece a uno o más dioses, en este caso al río sagrado, el Ganges. Aarti también se refiere a la canción cantada en alabanza de la deidad, cuando la ofrenda con lámparas se está llevando a cabo.


Mientras veíamos la ceremonia, un fuerte olor a podrido impregno el aire que nos rodeaba. Al voltear hacia los lados para ver que era, Amit nos señalo hacia el cuerpo de una vaca muerta que venía por el río.

La Flaca e Ivonne compraron una ofrenda de una flor con una velita en el centro. La prendieron y la soltaron en el río.

Al siguiente día, nos levantamos muy temprano para contratar una lancha y ver el amanecer en el Ganges. Aun estaba obscuro cuando nos subimos a una balsa. La gente ya estaba bañándose u orando en el río. Al ir saliendo el sol, la luz empezó a iluminar los viejos edificios y templos que están a la orilla del río. La mayoría están en malas condiciones, pero la arquitectura con que fueron construidos le da un toque esencial a esta ciudad. Son ingredientes claves en el ambiente y energía de la ciudad.


Sanjay nos ayudo a contratar un guía que nos pudiera dar explicación de lo que veíamos. Ahmed era su nombre. La primera visita fue al nuevo templo de Vishwanath, el cual al estar dentro de la Universidad Hindú de Benares. Es el centro espiritual de la escuela. Es un edificio blanco muy grande con siete altares, siendo el de Shiva el más importante. En las paredes del templo se encuentran ilustraciones e inscripciones que describen el Geeta (escrituras que contienen la voz divina de la deidad) y extractos de otras escrituras sagradas hindús.

La segunda visita fue al templo de Hanuman, el dios representado por un chango. Como era martes, día de veneración a este dios, el templo estaba lleno. La mayoría de los visitantes eran hombres que frente al altar principal, dejaban ofrendas mientras rezaban y cantaban. Todos nos pintamos un punto color de naranja en la frente como símbolo de bendición de Hanuman.

Ahmed se despidió antes del almuerzo y nos dejo con el chofer del tuktuk, el cual nos llevo comer a un restaurante bastante bueno donde la Flaca e Ivonne casi lloran de felicidad porque el baño estaba limpísimo. De ahí, el chofer nos llevo a Sarnath, que esta a las afueras de la ciudad.


En Sarnath, visitamos las ruinas de un templo y monasterio budista. También visitamos un árbol que supuestamente creció de una de las ramas del árbol abajo del cual Buda encontró la Iluminación. Este también es el lugar donde Buda dio su primer discurso.

En el regreso había mucho tráfico, especialmente al acercarnos a la parte antigua de la ciudad. Coches, camiones, tuktuks, motos, bicis, vacas, gente caminando, todos queriendo avanzar, cruzar, o parar por zonas legales o ilegales. Es increíble que la ciudad funcione y que no haya más accidentes.


Al bajarnos del tuktuk, nos encontramos con Sanjay que había quedado de llevar a Ivonne y a la Flaca a un doctor de ayurveda. La primera por curiosa y la segunda para ver si podía recomendarle algo para el Crohn’s. Como ellas se fueron con Sanjay y yo regrese al hotel, esta parte del día lo va a platicar la Flaca.

Después de una pequeña tasa de chai en la casa de Sanjay, Ivonne y yo fuimos con Sanjay y su sobrina a ver al Dr. Sibajyoti Mukherjee, un médico de Ayurveda que consulta en tres diferentes hospitales en Varanasi, Mysore y Haridwar. Amablemente nos recibió en su casa. La sobrina e Sanjay entro primero. El Dr. Mukherjee la mando con otro doctor porque cree que tiene tuberculosis y como nos explico a Ivonne y a mí unos momentos más tarde, la medicina ayurvédica trabaja para cambiar tu cuerpo y usualmente solo ayuda con enfermedades o condiciones crónicas. Es para asegurarse que los elementos del cuerpo están balanceados.

Una vez que explique que estaba ahí por curiosidad a la medicina ayurvédica y el Crohn’s, el Dr. Mukherjee me tomo la mano. Puso sus dedos en mi muñeca y escuchó mi pulso por algunos minutos. Dijo que tenía mucha agua en mi cuerpo y pregunto si he estado teniendo problemas para dormir. Yo confirme esto y dijo más específicamente, que yo estaba durmiendo intermitentemente. El estaba en lo correcto. De haber escuchado mi pulso, también noto que estaba teniendo pensamientos fugaces, que mi mente brinca por todos lados. Quede sorprendida que él pudiera deducir estas cosas al solo escuchar mi pulso. El pregunto algunas otras cosas, incluyendo que me sentaba mejor el clima frío o el cálido y cómo reaccionaba a comida grasosa y con especies. Me prescribió una hierbas para ayudarme con la digestión, pero me explico que lo más importante para ayudarme contra el Crohn’s era que tenía que volver al yoga y empezar meditación para encontrar concentración y calma en mi mente. Me recomendó el centro en Haridwar, pero nuestro calendario en India ya está bastante apretado. No he tomado este consejo a la ligera, sin embargo, espero separar un poco de tiempo cuando estemos en Tailandia, para aprender sobre meditación.

Para cuando terminamos con las consultas, Sanjay ya se había ido a su casa, así que entre Ivonne y yo teníamos que encontrar nuestro camino de regreso al hotel. Llenas de valor salimos a enfrentar el tráfico en las calles de Varanasi. En un tuktuk-bicicleta nos fuimos hacia la parte de la ciudad donde nos estamos quedando. Como ya estaba obscuro, no notamos hasta después cuando pasamos bajo algunas lámparas en la calle, que el chofer que estaba pedaleando y llevándonos a través de las calles era solo un chico, a lo mejor de unos quince años.

Al día siguiente cogimos un tuktuk y fuimos a la universidad, esta vez a que la Flaca comprara las medicinas que el doctor de ayurveda le había recomendado. Al entrar al hospital nos transportamos a la época de la segunda guerra mundial. Entramos por un pasillo donde vimos un cuarto todo blanco, pero un blanco sucio, viejo, descolorido. El cuarto era muy grande con filas de camas en ambas paredes. Las camas de metal despintado y corroído. No podíamos imaginarnos como era que aquí la gente se curaba. En fin, después de preguntar, encontramos la farmacia y la Flaca compro una de las medicinas; la otra no la tenían pero le recomendaron las farmacias fuera de la universidad.

Con ambas medicinas en mano, nos fuimos al mercado. La Flaca compro unas semillas que también recomendó el doctor. Caminamos por varios pasillos donde vendían ropa, tela, semillas, pulseras (la Flaca compro unas), zapatos, juguetes, etc. Las dos querían unos pantalones tipo Ali Baba, pero no habían encontrado los que les gustaban. Comimos y siguieron buscando hasta que por fin encontraron sus pantalones. De regreso en el hotel, cogimos mochilas y nos fuimos a la estación de tren para irnos a Delhi.

Mis acompañantes tenían los nervios de punta por ver el tipo de tren que nos tocaría. Habían rezado, tenían los dedos cruzados, y casi se habían hecho una limpia para que nos tocara un tren mejor que el pasado. Para su tranquilidad, nos toco un tren mucho mejor y hasta sonriendo iban de camino a la capital de India.


Varanasi
(Warning, this is a long one)

Varanasi is on the edge of the sacred river of India, the Ganges. It is a city with a very strong and very intense energy, a sign of this intensity was the journey we went on in order to arrive.

Our train left at 11:00 am, the same time as Uncle Billu, Saroj and Auntie Savita´s train, so we went to the station together, we took one last photo, and said our goodbyes. Each of us went to our platform.

A few minutes later, Uncle Billu and Auntie Savita were waving at us so one of us would go over to their platform, so I went over there. Once I was with them, they informed me that on the loudspeaker they had advised that our train had a delay of five hours. I couldn’t believe it. I returned to the platform where Ivonne and la Flaca were, I told them the bad news, and the three of us walked together to platform one, the same where Uncle’s train was leaving, because there, there was a waiting room.

Before going to the waiting room, we stayed with the family waiting for their train to arrive, and meanwhile, Uncle Billu explained where the board was with the status of each train, and where and to whom I could ask further questions. We said goodbye one more time, they boarded, and their train left.

We went to the waiting room; don’t imagine one like in the airport. It was a large room (quite dirty) with chairs and some fans. At one end were the restrooms that included showers in case a brave person needed one. We found some chairs near the window and fan and we settled in, took out books, the computer, iPod, and began the long wait.

The hours began to pass and Ivonne went to take a walk around, then la Flaca, then me. With each round, we returned with some news about the train and about something that had surprised us. We bought fruit, water, sodas, bread, chips, etc. I moved chairs because the battery (on my laptop) was dying and I had to get near where there was a power outlet. A guy approached me to talk with me, he was from the military and was on his way home for Diwali.

Diwali is the most important celebration in India, especially for those who practice Hinduism. We’ll talk more about this festival when we write about Delhi, since we have plans to spend this great celebration with Uncle Ashok (Auntie Savita’s other brother) and his family in Delhi.

The military guy was not the only one to approach me to chat, the guy who cleaned the waiting room came over as well and another. Ivonne says she doesn’t understand why people always approach me to talk with me.

Six hours later, everything was pointing to our train arriving at any moment, so we decided to leave the waiting room and find a place on the platform. The wait was not over, we had to wait another hour for the train to arrive.

It was already getting dark when the light from the train finally began to get close. We grabbed our things and got ready to board. Since we hadn’t bought the tickets far ahead of time, and Diwali was getting close, we couldn’t get all three seats together, although they were all in the same car. Two seats were in one compartment near the back door and one was near the front door. We decided that Ivonne and la Flaca would use the seats that were together and I would sit alone.

We got on the train and realized that it had come already quite full. In the compartment where la Flaca and Ivonne had seats, we had to ask for the people to move some of their things so they could sit down, it appeared there were a couple families there. I left the women and went to find my place, agreeing to return to help them lock and chain their bags.

What had us a little, but just a little excited, was that this time we had tickets for AC 3 class, which signified class 3 with air conditioning. It only took 30 seconds inside the train to realize that sleeper class was better. Here, the smell of feet, people who hadn’t bathed, and stomach gases, in addition to the smell of food, was all trapped inside and since people didn’t throw garbage (out the windows) and instead they put it under the seats, there were cockroaches.

The compartment where I had my seat was full, all men, friends. They tried to find me another place, but the one they offered me was full of luggage and there was no place to put my backpack so I had to say no.

I settled in and quickly they started with the questions. Where was I from? Where was I going? How much time did I have in India? With whom was I traveling? But the most important was, did I drink? I answered all of them and when I answered “yes” to the last one, they all smiled. They took out a bottle of rum from one of the suitcases and in no time, I had a full glass in my hand and I was toasting with everyone. They were all in the military and on their way home for a month vacation. The majority of them were from Punjab, a province north of Delhi that borders with Pakistan.

I was on my second glass of rum when la Flaca’s head appeared from around the corner with a half-fake smile and her eyes said, “What are you doing?” All of my new friends, and by this time there were more of them since other military guys from other compartments had joined us, turned to look at me with a guilty smile. I stood up and excused myself for a moment to see what la Flaca and Ivonne needed. I had agreed to return (to help them chain their bags) and I hadn’t done so, so they were both giving me a face that said, “Where the #@#$& have you been?” I went to work quickly putting the locks and chains on the backpacks while the two of them complained about their compartment neighbors being really loud and the smell of food that lingered. La Flaca also scolded me for drinking with strangers.

When I returned to my seat, they already had another drink ready for me and they were taking out food. They gave me a plate of broccoli with potatoes, they also took out roti (which is like a tortilla but thicker), and another thing that I cannot remember what is was, all of it homemade and very good.

At about 9:30 pm, I went to take a peek at the compartment where la Flaca and Ivonne were to see how they were and wish them a good night. They still had dirty looks on their faces, they had already eaten some rice and chicken they bought on the train for dinner, and they were already ready for bed. When I returned to my compartment, my bed was ready, with sheets and everything, I was happy.

When I woke up the next day, at about 6:00 am, the train was further delayed. By 8:00 am the beds were already picked up, I had gone to say hello to la Flaca and Ivonne, and I was eating more Indian food for breakfast with chai (tea). By 9:00 am we were already having our first drink of rum and more military guys arrived. Each new military guy that appeared asked me to toast with him, so the rum flowed and flowed, the bottles finished and my friends brought out more. There was one moment where in a compartment that supposedly fits 6 people, there were about 15.

Some didn’t speak English and others translated, and all of them wanted to know what kind of fruits and vegetables are grown in Mexico. La Flaca says that each time she went to look for me, I had a huge smile on my face, and the truth is that I was experiencing what I like most about traveling and that is hanging out with the locals, doing what they do.

A few hours later, they all gave me their addresses in Punjab, which according to them, is the best province in India, so I should go visit them. We took photos, later we took photos of la Flaca, Ivonne and I with my friends, and one of them asked us to take photos with his family, but with la Flaca holding his baby. La Flaca and Ivonne were not very happy about all the photos, but they cooperated with their best smile.


Twenty hours after having left Siliguri, the train stopped in Mughal Sarai station, which is on the outskirts of Varanasi. All of my friends helped us with our backpacks and they got off the train to say goodbye and to take the last photo. Two of them gave me their silver bracelets, which are very traditional among Sikhs (Sikhism is a very popular religion in Punjab), and one of them gave la Flaca two plastic bracelets that were his daughter’s, for when we have our first daughter. I was the happiest guy because I had lived just the experience I had wanted to live on an Indian train.

I negotiated with taxis and tuk tuk drivers until one gave me a reasonable price to take us to our hotel. Once in the city, some of the main streets were closed, so the taxi driver, after making a thousand circles, realized that he couldn’t take us all the way to the hotel. On our way from one end of the city to the other, we saw a surreal roundabout; there were cars, motorbikes, bicycles, tuk tuks, well everything and everyone was trying to go in all directions at the same time. It was impressive.

When we realized that the driver could not take us, we got out of the taxi and called the hotel where we had a reservation. In the end, a few young kids guided us through the very narrow streets full of people and cow poop (I actually stepped in a very large pile). The scene that surrounded us and the time we spent walking were making la Flaca and Ivonne begin to question where these boys were taking us, but since I had seen some signs with the name of our hotel, I tried to calm them down.

Once in the hotel, the guy at reception informed us that he did not have a room for us, even though we had made a reservation, so we had to look for a hotel at this hour. It was close to 7:00 pm when we called another hotel and I went to see the rooms to see if they were up to standard. This was when I saw the Ganges for the first time. I went down some steps almost in the dark; they were only illuminated by a single light bulb and the light from the moon. The buildings that surrounded me looked old and half built. It was a bit of a scary scene, with the sacred river at the bottom. Upon arriving to the bottom of the stairs, I looked both ways and things didn’t look better, but I followed the instructions that I had been given and walked to my right. Soon I found myself with more people, some of them tourists.

I calmed down a bit; I was nervous about the reactions the two ladies who are traveling with me would have, they were going to want to leave this city as soon as possible. But first impressions are not always the best to judge, so I had hope that tomorrow, with the sunlight, everything would look better.

After about ten minutes I arrived to the other hotel, I saw the rooms, we negotiated, and I returned to the first hotel for la Flaca, Ivonne, and the backpacks. I warned them a bit about the places that we would pass through and it helped that they didn’t get very scared. A daily ceremony that had commenced and that attracts a lot of tourists, and I think the fact that they were already so tired and wanted to shower, helped them not really realize where they were walking. Once we were fed and showered we went to sleep.

In the morning, we opened the windows of our room and saw the Ganges in front of us. People were praying at the edge, bathing, and washing clothes. We went up to eat breakfast at the restaurant that was on the roof of the hotel and from there at the top we had the best view of the river. The riverbed is very wide, but since it is dry season, not all of it has water, actually most of it is dry.


We left the hotel guided by Sanjay, a man that works in the hotel arranging tours and helping the tourists with whatever they need. He helped us to find a pharmacy because I had a headache that was killing me and we no longer had any paracetamol. Outside the pharmacy, we asked him a couple of questions about how to get to some temples and he introduced us to a guy named Amit, who took us to the temple. After, Amit stayed with us and took us to various other temples. It was an advantage to have this guy because the old part of the city is made up of purely very narrow streets without any order and the majority of them without a name. Walking through these streets helped us to see the day-to-day activities of the city, of the people, and to understand a little bit about the intensity that you can feel.


After visiting the temples, Amit took us to the crematoriums. Right at the edge of the river is where they burn the bodies of those who have died. He explained to us that there are a couple electric crematoriums, where it is cheaper to perform a cremation, and there are the traditional crematoriums that are more expensive. For the traditional ones, they put together a bed of wood, and after wrapping the body in sheets and submerging it in the Ganges, they put it on top of the wood and begin their ritual to then start the fire. For the ritual, the person who starts the fire shaves his head and recites some prayers. After, the family walks around the body five times, this is to break the tie with the deceased and the loved ones they are leaving behind. We saw when they were performing this ceremony for a woman; her son was the one who lit the fire. They were shaving the head of an older man when the ritual began.

In some situations it is ok to put the body in the river without cremating it. It is done when the deceased is a child under 10 years, when the deceased is a woman and she died pregnant, holy men, lepers, the poor, and those who have died from snakebite.

What we still cannot understand is how, in this same river where they put the ashes of the dead, or complete bodies, people bathe and wash their clothes. I read in Lonely Planet that an Indian doctor, since several years ago, has been trying to convince the local government to do something to clean up the river but the bureaucracy has detained all initiatives. It is not only human remains that go in the river, the majority, if not all of the drainage of the city, including toilet waste, goes to the river. This doctor, who has done studies of the level of contamination of the water, says in his report that in many areas of the river, the water is completely contaminated. How is it that there are not more people getting sick? We don’t understand. There is no doubt that it is sacred.


We left the crematoriums and changed course to textiles. Amit took us to various workshops where they were weaving or dying silk. These were totally manual processes and in the case of dying, unhealthy due to the fumes from the chemicals. At the end, Amit took us to his uncle’s store where he sells sarees, scarves, duvet covers, etc. After a long negotiation including chai, in which I stood up to leave among other tactics, Ivonne bought a duvet cover and some shawls and la Flaca just bought a shawl.


The negotiation sparked our appetite so we asked Amit to take us to Lotus, a restaurant that has a terrace overlooking the Ganges. They gave us a low table, the kind where it is necessary to sit on floor cushions, and we enjoyed the view.

In the afternoon, we tried to arrange a tour for the next day without much luck. So we decided to select some things that we wanted to visit and speak with Sanjay in the morning to see if he could help us. To finish the day, Amit took us to rent a rowboat, which he ended up rowing himself, to take us to see the sunset on the river and to see the Aarti ceremony that is held each day at the edge of the river.

The Aarti ceremony is a Hindu ritual of worship. It is a form of puja or offering, in which light from wicks soaked in ghee (purified butter) or camphor is offered to one or more deities, in this case the sacred river, the Ganges. Aarti also refers to a song sung in praise of the deity, when an offering of lamps is taking place.


As we watched the ceremony, a strong rotten smell permeated the air that surrounded us. Upon turning to each side to see what it was, Amit pointed to the body of a dead cow that was floating down the river.

La Flaca and Ivonne bought an offering of a flower with a candle at the center. They lit it and released it in the river.

The next day, we got up very early to hire a boat and watch the sunrise on the Ganges. It was still dark when we boarded the boat. There were people already bathing or praying in the river. As the sun began to rise, the light began to illuminate the old buildings and temples that are at the edge of the river. Most of them are in bad condition, but the architecture with which they were built gives an essential touch to this city. They are key ingredients in the vibe and energy of the city.


Sanjay helped us hire a guide that could help provide explanations for what we were visiting. Ahmed was his name. The first visit was to the New Vishwanath Temple, which is located inside the Benares Hindu University. It is the spiritual center of the school. It is a very large white building with seven altars, with the one dedicated to Shiva being the most important. On the walls of the temple you find illustrations and inscriptions that describe the Geeta (scripture that contains the voice of the divine god) and excerpts of other sacred Hindu scripture.

The second visit was to the temple of Hanuman, the god represented by a monkey. Since it was Tuesday, the day of worship to this god, the temple was full. The majority of the visitors were men that in front of the main altar, left offerings while they prayed and sang. We all painted an orange dot on our foreheads as a symbol of a blessing from Hanuman.

Ahmed said goodbye before lunch and left us with the tuk tuk driver, who took us to a pretty good restaurant where la Flaca and Ivonne practically cried from happiness because the bathroom was very clean. From there, the driver took us to Sarnath, which is located outside the city.


In Sarnath, we visited the ruins of a Buddhist temple and monastery. We also visited a tree that supposedly grew from a branch of the tree under which Buddha found enlightenment. This is also the place where Buddha gave his first sermon.

On the way back there was a lot of traffic, especially as we got close to the old part of the city. Cars, buses, tuk tuks, motorbikes, bicycles, cows, people walking, all wanting to advance, cross, or stop in legal and illegal zones. It is incredible that this city functions and that there are not more accidents.


Upon getting out of the tuk tuk, we met Sanjay, who had stayed to take Ivonne and la Flaca to an Ayurvedic doctor. The first was curious and the second wanted to see if he could recommend something for Crohn’s. Since they went with Sanjay and I went back to the hotel, la Flaca is going to describe this part.

After a small cup of chai at Sanjay’s home, Ivonne and I went with Sanjay and his niece to see Dr. Sibajyoti Mukherjee, an Ayurvedic physician who consults at three different hospitals in Varanasi, Mysore, and Haridwar. He was kind enough to meet us in his home. Sanjay’s niece went first. Dr. Mukherjee referred her to another doctor however because he believed she had tuberculosis and as he explained to Ivonne and I just a few moments later, Ayurvedic medicine works to change the body and usually only helps with chronic diseases or conditions. It is about ensuring the body’s elements are in balance. I was therefore a good candidate for Ayurvedic treatment as Crohn’s is a chronic disease and one that has no cure in Western medicine.

After I explained that I was here out of curiosity regarding Ayurvedic medicine and Crohn’s, Dr. Mukherjee asked to take my hand. He placed his fingers on my wrist to listen to my pulse for a few minutes. He said that I had a lot of water in my body and asked if I was having trouble sleeping. I confirmed and he noted more specifically that I was experiencing interrupted sleep. He was correct. From listening to my pulse, he also noticed that I have lots of fleeting thoughts, that my mind jumps all over the place. I was taken aback that he could deduct these things from just listening to my pulse. He asked a few more questions including whether I do better in cold or hot weather and how I react to food with oils and spices. He prescribed some herbs to help with my digestion but explained that the most important thing in helping my Crohn’s was to get back into yoga and begin meditation to help find focus and calm my mind. He recommended a center in Haridwar, but our schedule in India is already very tight. I have not taken his advice lightly; however, I am hoping to set aside some time in Thailand to learn about meditation later in our trip.

By the time we finished with our consultations, Sanjay had gone home so it was up to Ivonne and I to make our way back to the guesthouse. We braved the streets of Varanasi in the chaotic traffic and rode a rickshaw back to the part of town where we were staying. Since it was now dark, we didn’t realize until later when we passed under some street lamps that the driver cycling us through the streets was just a boy, maybe fifteen years old.

The next day we took a tuk tuk and went to the university, this time so la Flaca could buy the medicines that the Ayurvedic doctor has prescribed. Upon entering the hospital, we were transported back to the time of World War II. We entered through a hallway where we saw a white room, but a dirty, old, and discolored white room. The room was very large with rows of beds along both walls. The beds were made of metal that was corroded and with chipping paint. We couldn’t imagine how people were cured here. In the end, after asking, we found the pharmacy and la Flaca bought one of the medicines; they didn’t have the other one but they referred her to the pharmacies outside the university.

With both medicines in hand, we went to the market. La Flaca bought some seeds that were also recommended by the doctor. We walked through several passageways where they were selling clothes, fabric, seeds, bracelets (la Flaca bought some), shoes, toys, etc. The two ladies wanted some Ali Baba pants, but they hadn’t found any they liked. We ate and they continued looking until finally they found their pants. Back at the hotel, we grabbed our backpacks and went to the train station to go to Delhi.

My companions were nervous to see what type of train we were going to get. They had prayed, had their fingers crossed, and practically had a shaman clean their aura to ensure we would get a better train than the last one. For their peace of mind, the train was much better and they were on their way to the capital of India smiling.

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